Censura latente en Diálogo

mayo 4, 2012 en 3:08 pm | Publicado en Uncategorized | 1 comentario

Miguel Muñoz, presidente de la Universidad de Puerto Rico. Tambien funge como censor del periódico Diálogo.

Las intervenciones con el periódico Diálogo de la Universidad de Puerto Rico no es asunto nuevo. Los cambios acaecidos durante el pasado año, aun desde la presidencia de José Ramón de la Torre, han sido indicios claros de los planes de la administración con este rotativo. Sin embargo, es particularmente interesante que el presidente de la Universidad actual, Miguel Muñoz haya aceptado de manera franca y frontal que se inmiscuye en sus decisiones editoriales. No obstante, entiendo que es meritorio recordarle a Muñoz algunos asuntos que ha olvidado o que por su desconocimiento sobre el periódico posiblemente ignore.

Diálogo fue creado hace 25 años, en efecto, con el propósito de servir de taller de trabajo a los estudiantes egresados de la Escuela de Comunicación. Sin embargo, su concepción matriz no fue la que concibe Muñoz. En su primera edición el entonces presidente de la Universidad el Lcdo. Fernando Agrait expresó que si bien el periódico podía incluir en sus páginas la realidad universitaria de los recintos, la administración nada tenía que ver con sus políticas editoriales, otorgándole al rotativo una clara independencia editorial.

“Diálogo no es un instrumento de la administración para exponer su posición con respecto a temas que generen controversias; Diálogo es un esfuerzo por unir voluntades universitarias aún cuando existan controversias.” (Diálogo, septiembre, 1986, página 2)

Precisamente estas líneas de Agrait, fueron utilizadas como evidencia por el Tribunal Supremo de Puerto Rico en el 1995 (Coss v. Comisión Estatal de Elecciones, 137 DPR 877)  para determinar que la Comisión Estatal de Elecciones no podía inmiscuirse en las labores del periódico para determinar que era publicable o no en tiempo de elecciones, puesto que este no era un periódico de una entidad gubernamental, sino un “foro público” que en nada distaba de otros periódicos originados con fondos privados.

En la opinión, escrita por el entonces juez asociado Negrón García, el Tribunal Supremo prescribe el artículo 2 sección 4 de nuestra Constitución, que consagra los derechos de  Libertad de Prensa y Expresión.  Según el tribunal, el Estado no puede arbitrariamente restringir el contenido de publicaciones ni coartar de ninguna forma la capacidad de ningún ser humano.

Son precisamente estas dinámicas las que rigen el periódico Dialogo hoy día. El presidente Muñoz admite cándidamente que inmiscuye sus manos en las decisiones editoriales del periódico, tal cual si esto fuera una dinámica cotidiana. No obstante, estas expresiones las realiza sin entrar en detalles mayores, sin mencionar la persecución y edición de artículos arbitrariamente, y las llamadas a capítulo que hace a estudiantes -por medio del títere que hoy dirige el mensuario– para que ajusten los productos periódicos a su capricho y conveniencia. El presidente Muñoz realiza estas expresiones sin mencionar la forma en que pisoteó al fotoperiodista Ricardo Alcaraz, censurándole una fotos tomadas durante la jornada huelgaria, fotos que mostraban la cruda realidad de una huelga que claramente denunciaba la indiferencia de la administración motivada por la mano política que hoy oprime a la universidad. Esto, presidente Muñoz, se llama censura.

Que el presidente Muñoz se “inmiscuya” en Dialogo y lo exprese en los medios de comunicación no debe sorprendernos, pero si preocuparnos y ocuparnos. Su mano no es la mano administrativa, es la mano política de un partido en poder que editorializa noticias sobre marchas, manifestaciones políticas, manifestaciones universitarias que al fin y al cabo son parte del día a día de la Universidad de Puerto Rico. Esa mano que se inmiscuye, a su vez, destruye las mil y una razones que han propiciado que haya sido Diálogo, frente a otros rotativos del país con más recursos, quien haya generado innumerables premios periodísticos siendo reconocido por las principales asociaciones de periodismo del país. De la misma forma, destruye la credibilidad de un periódico que es reconocido internacionalmente por su excelencia investigativa.

El presidente Miguel Muñoz desconoce y desprecia la realidad de este proyecto y sirve mejor que se retracte de sus palabras y acciones, pues Diálogo no necesita “sus sugerencias”. Diálogo es un foro público y sus intervenciones claramente políticas son una violación crasa a la Libertad de Prensa, algo que ni la comunidad universitaria ni la comunidad periodística debe permitir.

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